martes, 10 de octubre de 2017

Sei el mio amore, Ragazza.

Cuántas historias podrían contar nuestras trillas, nuestros caminos, nuestras trincheras; habría que tener toneladas de tinta para registrar con detalles cada silencio oculto entre los bolsillos de este pleno y a su vez las palabras mas certeras y rebuscadas para retratar lo que con tanta espontaneidad ha sucedido entre este mundo en complicidad del ser humano: tan romántico, tan tenaz y pesimista, tan poético y dependiente, tan enamorado y tan fugaz.

Dios no es más que un genio por haber tallado la piedra en bruto que era nuestra galaxia con distancias tan perfectas, aguas profundas y tan navegables para el deleite separó, para la supervivencia perfecta del millón de criaturas acuáticas, incluso aquellas que no conocemos; montañas tan altas casi imposible para el caminante soñador de escalar, casi... Lo más increíble, dividió cuadrantes climáticos en una tierra redonda; Dios le demostró al ser humano, que al igual que las escrituras, cada uno tiene su contra parte, por más oscuro que sean sus versos a la hora de amar todos somos inevitablemente bestias. 

Hoy me siento el hombre más igualado, aquél que tomo el flagelo abusivo de volver a dedicar la luna, de volver a adueñarse de un amanecer perteneciente al horizonte. Hoy que me caigan todas las leyes del mundo si por analogar mis sentimientos a través de un cielo naranja soy culpable; que me turbe y me sufra hasta la condena más tardía y más pesada por alumbrarte con una luna prestada cada noche; lo siento, soy tan simple, no podría encontrar un brillo similar al de tus ojos al sonreír.

Qué vaina tan buena es escarbar ante la petulancia de una bandeja llena de vanidad y encontrar un flagelo de gloria, de un rigorismo excesivo de distinción en ti, tan palpable y altamente perceptible ante mis muy personales sentidos; quién iba a decir que mis jornadas ya no serían engorrosas escribiendo la humildad de un hombre castigado ante el deseo de tenerte; quién diría que se mezclaría la división de dos mares con tanta solubilidad; quién diría que encontraría el camino de la nada que siempre quise encontrar y que Macedonia se convertiría en Yugoslavia ante toda una vida siendo Macedonia; nadie podría decir tantas cosas ante un mundo tan cambiante, tan vulnerable a las variables; qué arrecho ya no hablar de variables e irme directo a la realidad del momento perfecto, ese que me llevó justamente a tus cómodos brazos.

Tengo tu mapa, tengo tu rumbo, tus coordenadas están filtradas en mi bitácora de viaje; hoy no hay planes, sigo tu rumbo y confío en tu destino porque hoy te has vuelto mi destino; ya no hay más historias que contar, la saliva por fín se ha agotado luego de tanto historias contar y contar. Hoy la brújula nos dirige solo al mismo sitio, a escribir nuestro propio pergamino, aquellos que leerán los cuenta cuentos, aquellos otros individuos que quizá nunca conozcamos ni veamos nacer, aquellos que no sabrán nuestros nombres, aquellos que se sensibilizarán ante una historia que nunca vieron mecanografiar, aquellos aquellos, los fieles creyentes del viejo fenómeno intangible. 

Contrato por firmar sin protocolos, hoy firmo ante la idea de plasmar nuestros labios en el tiempo como símbolo de unión, hoy firmo ante la adversidad que aun no se asoma pero que sin duda existe y que quiero enfrentar con tus manos tomándome; hoy firmo tu cuerpo con la carga dramática menos corriente y posterior a las palabras más sentidas del mundo, cayendo finalmente en la sencillez de firmarte y con el mayor motivo de simpleza decirte...que eres mi amor, Ragazza. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario