Ironías fantasticas ¡Qué brevedad! Esos minutos con los que en mis sueños te observo por tantas horas, a tus ojos bajos, llenos de néctar; microscópico como la miel que llevan las abejas en sus patitas a su hogar; microscópico como las líneas cuarteadas de tus labios de papaya, tan colorados, tan extintos entre lo común, tan imperfectos que no pueden contenerse ante el saludo de una sonrisa que no puede quedarse solo dormida y menos escondida.
Resignado ante la aceptación del culpable y como mi propio verdugo te digo que te lleves de mí un saludo ajeno, cabizbajo por la intimidad de enfrentarme ante la pena de mirarte fijo y a la valentía de un admirador de tus procesares; osado así pierda oportunidades y osado, arriesgado tanto como se pueda si de esperar tu presencia tan dulce y anhelada se trata.
Incrédulo te veo y digo lo rico que es soñar despierto y que seas una osada por entrometerte en cada desvelo, aquellos, los que no tienen mas excusa que las iniciales en imprenta de una descripción tan simple y tan llena de misterios, me carcome, me inyecta un yelco impregnado de curiosidad, se siente bonito.
Soy no más que un caminante que se perdió entre callejón y vereda, buscando el momento en que el tiempo ya no corrió más y quedó estático esperando respuesta de cómo vos habeis hecho para paralizar mis procesos contaminando mis jardines de tus tan frondosas colmenas.