domingo, 21 de agosto de 2016

Momento

Escucha, has silencio y solo escucha ese soundtrack. Deja de mover tu boca, calla por un minuto y acepta lo que el ambiente te regala ¿Puedes alcanzar a oír? haste consciente, disfrútalo, sabes que es...sí...es el sonido del silencio, de la nada, el que te estremece, lo que te saca de confort y te pone a pensar, así como lo que te envuelve en tus propios arapos y te hace ajena a lo propio, como mis brazos enrrollados a tu torso escaso de vestiduras, esos que no te sueltan ni un segundo y por el cambio pellizcan hasta el centímetro más chiquitito de tus extremidades. 

Sin desesperanzas, déjame tomarme todo con calma, aquí no hay ningún tipo de apuro porque el tiempo corre en paralelo a nuestras lunas. No hay medida de tiempo en este caserio sin ventanas. tus ojos negros abrirán solo  para pedir clemencia, una clemencia violenta, una clemencia que te domina y te hace llegar al borde horizontal de las cálidas fronteras. Hoy no hay por qué revisar el clima, no importa la bolsa inflacionaria, ni los atentados de los fulanos defensores de Al-Qaeda, la primera plana hoy se vuelve irrelevante; en tu presencia tan complaciente todo se vuelve irrelevante y transparente, tan inexistente como los mismos tratados de paz, incluso como la pequeña mentira de insinuar admirarte sin desear tocar cada pálpito de tus sentidos. 

Prepárate para nuestra celebración, para el ambiente de un confesionario de emociones. Para la visita de una isla con huellas perennes en el arenal. Que nos agarre lo helado de la noche ante nuestra calidez, que se atreva a aparecer cuando los enfrentamos con un agasajo bajo las estrellas como testigo, mirando solo lo que la misma luna nos permita observar con su luz.  Los dos en la cima más alta, ahí mismo donde el sol se acuesta a dormir, allí donde solo podré ver en close-up tus vellos erizar, con mi barbilla recostada en tus nalgas lisas y encueradas. He ahí donde comenzamos a narrar una historia de dos gorilas hediondos a nada, aplacados y consumidos por la vida misma, alimentándos del aire y lujuria, escribiendo con un carbón al aire un fragmento que nunca nadie leerá, pero que así mismo nadie podrá negar de su existencia y su momento.