Este navío, esta enbarcación donde te recorro con toda autoridad, donde sobre tus cardúmenes navego con alevosía sin consecuencia ni condena. En tus aguas, donde me gusta danzarte y nadarte, donde mi adoración consiste en sumergir nada más que mis deseos más profundos y cometer arduos delitos en búsqueda de tus corrientes de oleajes profundos.
Hasta con tan fuertes ventoleras me atrevo a abarbetar en tus aguas perdidas y picadas como la inquietas aves sobrevolando tu superficie. Dentro de tanta letra que ha sido recitada en nombre de tus olas, me motivo, como tantos autores que te han usado como estelar en sus obras, soy osado y abusivo, repito y plasmo en mis libretas nuevos universos con las historias que tantos con tanta euforia han marcado sobre ti.
Como dos pelícanos nos vamos en manada tu y yo, aleteando juntos y reposando en dos troncos en paralelo, como siempre soñamos, al ritmo del -no sé qué- solo dejándonos llevar por la vida y sus cuestiones confusas y sobrenaturales, sobrenaturales que dejamos fluir como si el resto de ella solo se tratara de eso. Enamorándonos, como se enamora de su madre el pequeño canario al abrir los ojos a un mundo tan cruel y lleno de vacíos.
Hoy te veo como un sol naciente, como un amanecer de besos salados soportables a mi paladar. Mira el suelo, mira hacia atrás las cientas de huellas que van agrupando solo tus pasos caminando al lado de los mios en esta orilla llena de espuma; parecen interminables nuestros andares cuando estamos juntos, al mismo tiempo pasan tan rápido que creo que me haya dado tiempo de grabar nuestra fotografía en mi memoria.
Sería capaz de emigrar y ser un mojado, de encomedarme a todos los vigilantes de estos océanos y solo hundirme en ellos en tu búsqueda, abrir el Caribe en dos y hasta en tres partes si llegas a perderte por accidente. No dejaría de buscarte nunca, ni como el extravío de una moneda en miles y miles de litros de agua salubre y profunda, ninguna superficie sería demasiado para encontrarte.
Toma de mi mano y lancémonos de esta enbarcación, no quiero ver la metáfora de ti en este horizonte, quiero ver la realidad tangible de los dos danzando bajo el agua como delfines, siendo víctimas nada más que de nuestro propio rastro, escapando de nuestra respirarión, fraternizándonos con la apnea, respirando como uno, bailando como uno, viviendo como par de residentes de este mundo marino tan misterioso y grande, quiero ser solo tu guía hacia la nada, hacia la búsqueda de lo que jamás se nos perdió.
Este navío, esta enbarcación donde te recorro con toda autoridad, donde encontré la ciudad perdida diseñada para nuestra visita, donde no importa quién es quién, hoy el mar celebra nuestra llegada como nuevos inquilinos; aquí en el océano profundo, donde tanto nos sumergimos que ya no importan las estaciones del día, este navío, que dejamos olvidado en la superficie, para hundirnos en nuestro mundo hecho a la medida...este navío que fue la pista de despegue de un cielo bajo el agua.