Tras esta soledad tardía me vuelvo a encontrar con este compendio de sentimientos. Hace rato que no tocabas la puerta, me sorprende verte aquí intentando darme otra lección; aunque trates no podrás lograrlo, te encuentras con uno más grande a quien no podrás atacar dos veces de la misma forma, te recomiendo que ingenies una nueva manera de acabar conmigo. Esta vez los roles cambiaron.
Aunque me niegues que has sido mi amigo, y aunque tus reproches ya no me hagan daño, sigues siendo un fiel acompañante, un cofre de donde sacar cosas y aprender en la vigencia de vivencias del pasado. Una pausa luego de una larga tonada, una situación embarazosa en plena calma y hasta un sorbo de agua salada en la laguna más distante.
Hoy otra vez haces de las tuyas, a diferencia que no existe consecuencia. No hay crimen sin culpable, y quizá tú lo has sido múltiples veces siendo yo tu más seguida víctima. No te culpes ni me pidas perdón, yo siempre he permitido que me engañes y me hagas ir por donde me dices, siempre afirmando que todo estará bien; lo sé mi querido amigo, no lo haces con la peor de las intenciones, yo sé que también te han engañado.
Entonces ¿Nos han engañado amigo mio? ¿o eres tú quien está detrás de todo este espectáculo donde casi caigo una vez más? me causaría un dolor indignante pensar que has atentado contra tu fiel seguidor. Yo sé que te destruiría saber que has perdido a otro de tu ejército con excusa de traición, pero soy más cobarde que cobarde si la cobardía misma trata de quedarse en esta guerra sin final.
Eres un idiota y un ingrato, como te dicen muchos autores, dueles demasiado cabrón. Tus penurias te las recito con versos en el estrado de la culpabilidad. Definitivamente, así desfiles con el alma de tus víctimas sonrientes, no podrás escaparte de tus crímenes, no podrás evitar el calabozo que te espera en el fin de un horizonte en la punta de nuestro mundo. Allí donde a nadie podrás herir.
En tu larga historia también hay un torrente de lágrimas, prefiero defenderte y decir que por eso eres tan agrio. Tantos que te han usado en vano y tantos que no han sabido conocerte, tantos que te han culpado sin saber que no tienes culpa; como yo mismo, que te maldije quizás dos pares de veces sin haber ni siquiera tu apellido. Ahora que te conozco sé de donde vienes y por eso te compadezco, me caes bien, incluso podría decir que son más las simplonas flores florecidas que los jardines marchitos por falta de riego.
Después de leerte tus penas, te las perdono, como considerado y como vocero de todos los accionarios de tu filosofía tan extraña. Aquí estoy quizá un poco más fuerte, pero susceptible a tus recuerdos y engañadoras promesas. Aquí estoy y estaré para leerte tus penas, las veces que seas culpable y para condenar imparcialmente tus crímenes; estaré para ti, como tú has estado para mi, exhaustivamente, como en mis ciento cincuenta y tres condenas.