domingo, 31 de mayo de 2015

El ratico sin ti

Aun puedo sentir la estela, la estela de ese olor tan peculiar que tiene tu boca tan colorada. La melodía de esta canción es tan triste como el sueño donde te veo soltar mis manos. Te pido, que si te llegas a ir, dejes verter cada una de las gotas de esta laguna de amor, yo tengo por seguro que eso no va a pesarte. No puedo soportar ni siquiera el imaginar tu cuerpo despegado al mío, me atemoriza, te miro a varios miles de kilómetros y es como presenciar en primera persona un suicidio sin fin, una agonía desesperanzada y sin remedio.

Ni las mas tristes prosas pueden expresar lo que ha sido esta lluvia tan pesada y fría. Verte lejos es como renunciar a los sueños y soltar este lápiz tan desgastado, arrugar la página y jamás volver a escribir. Esta nube si es bien arrecha, le vino a caer al más pendejo. Qué impotencia es sacar mi sombrilla, buscar el sol y solo encontrar el rastro de lo que un día fue nuestro clímax, nuestro momento, lo que hubiesen sido nuestras vacaciones de por vida. Solo tú, nuestro amor y yo. 

Nuestro comedor, donde nos sentábamos sin falta a tomar esas tazas de café, marronsito, como te gusta. Aquí sigo esperando, en la otra punta de esta mesa de cedro, solo que vuelvas a mis muslos y te sientes en ellos con tal desesperación, aquella desesperación con la que me rompías los labios y me dejabas marcas como si de dejar tu huella se tratase. Allí mismo con tus manos asesinas, me masajeabas la espalda,  y me besabas cada rasguño cantándome cada razón de ellos. 

Hundirme en tus ojos amarillos y observarnos hasta con la pupila puesta en otro lado, asenchándonos, matándonos como dos bestias en total estado de dopaje. Ebrios de este amor tan desastroso, ebrios de esta sensación tan al borde posterior de la neurastenia, tanto pero tanto, que duele. Como tu domador, decido soltar tus riendas y enterrarte mis espuelas, que sientas solo este dolor tan turbador como con el que tú vives amenazándome. 

No creas que no sé cómo lastimarte, soy un maestro. Los años me han enseñado a recorrer cada sendero de tu cuerpo, me han enseñado que te gusta escuchar mi lengua en tu oreja e incluso sentirla salivar. Sé tanto de ti, que al lograr poder verte expulsar una lágrima por mi culpa, libraría a mi cuerpo y corazón de tanta penumbra por este amor tan inmensamente interestelar, pero no me atrevería si quiera a tocarte con un adjetivo que no sea delicadeza. Me toca seguir siendo tu esclavo. 

Hablar en pasado, hablar en presente, me da igual. Siempre te he tenido aquí, sin falta, siendo mi mujer, haciéndome el amor las veces que quiera, sudándonos y retando al sol en cada madrugada en vela, solo en compañía de nuestras impecables sábanas y dos vasos de Vodka barato. Las nubes negras y los rayos indetenibles son solo sinónimo de mi galaxia sin ti, de la tristeza que podría ser el ratico sin mi musa, de mi vida con el espacio vacío, ausente de tu silueta y de tus besos con ese olor tan peculiar. Mientras te beso abro los ojos y veo tu dulces párpados esconder tu mirada tan tierna, tu rostro tan dulce me llama y me dice que no tenga miedo, que siempre estarás allí, haciéndome vivir y escuchándome salivar. 

lunes, 25 de mayo de 2015

El cementerio de los sueños

Extraña esa sensación. El carrito de juguete que un día fue nuestro mejor amigo, hoy solo es recinto del polvo y el escaso recuerdo. Un espacio frío y con algo de esperanza. De pasillos llenos de una terrible neblina. Con un césped ya colmado por la candelilla y colores ocre. Un lugar donde todos esos sueños que por tanto suspiramos, solo se recopilan y se buscan espacio para descansar. 

Recuerdo cuando era muy pequeño, que cuando me preguntaban qué quería ser, respondía con mi pequeña inocencia y orgullo: "Yo quiero ser chofer de tren". Mis hermanos y padres reían, me imagino por esa dicha humildad que solo tienen los niños, de actuar realmente como son, sin tabúes, sin prejuicios, solo con lo que el corazón les comunica en el momento.

Causa nostalgia, e incluso podría asegurar que toca la tristeza el hecho de que mientras vamos creciendo, de la misma manera, algunas ilusiones se atascan en el camino, solo quedándose así, como -ilusiones-. ¿En qué momento dejamos de soñar?, ¿en qué momento permitimos que viniera un ajeno a colocarnos barreras?, esas barreras no existían cuando sacaba las pelotas de béisbol del estadio a los cinco años. ¿Cuándo le perdimos el gustito a ser niños?. 

Vick Vapor en el pecho y unos cuantos tragos de Mucosolvan era todo lo que necesitaba para salir con mi bicicleta. Tenía una imaginación del carajo. No hacía falta tanto porque mi calle del frente, con su cera y sus árboles, lo tenía todo. Un helado de vasito y hasta crayones de cera para colorear cuando la lluvia visitaba. 

El tiempo pasa, es algo tan maravilloso y tan loco al mismo tiempo, que no lo podemos detener. Ojalá pudiésemos tener un control y poner en cámara lenta esas vivencias que han marcado nuestra vida de manera tan cálida. Ojalá esos sueños que realmente queremos que sean cumplidos, lo sean y podamos decir: ¡Lo logré!.

La vida es tan compleja, me ha tocado hacer muestreo en una que otra ocasión sobre tan complicada tesis. Las oportunidades siempre existirán, es algo tan tangible, como el cansancio o como el fracaso. Vamos dejando tantas verdades y tantos anhelos en baches que solo parecían ser mas fuertes que nosotros, que al final solo terminamos encerrando en un gran cementerio de sueños.  

Cava, dentro de ese lugar tan frío, ara y abona. Rastrilla y decide recuperar tu vida, lo que soñaste, lo que anhelaste con tanta euforia y hazlo tuyo de nuevo. Recuerda tu imaginación, convierte esa gran capa de neblina en el sol más fulminante y esperanzado. Mueve y trabaja ese duro arenal de sueños y edifica un palacio de realidades. La transpiración y exhaustividad es algo que siempre estará presente, pero todo eso que vale la pena es aquello que más nos cuesta lograr.   

Sueña. Sé un niño. Besa. Enamórate. Recupérate. Camina. Corre. Descansa. Duerme. Planifica. Vuela. Recibe. Agradece. Sonríe. Llora. Recuerda. Corre y sigue corriendo. Canta. Habla. Trabaja. Ama. Desnúdate. Déjate crecer el pelo. Viaja. Vuela y sigue volando. Escribe. Baila. Dale un beso a tu mamá. Sé abogado. Sé zapatero. Sé el mejor. Salta. Medita. Sé poeta. Ámala como merece. Sueña, despierta y sigue soñando. Fracasa. Fracasa. Fracasa. Pero jamás dejes que nadie te robe tus sueños o te diga que es muy tarde para intentarlo.

lunes, 18 de mayo de 2015

Organigrama de un callejero

Estas manos sucias, llenas de bacterias, llenas de esa gruesa capa de mugre; esas con las que toco y no mancho, esta suciedad que ya es parte de mí.

Camino y mis pies ya no sienten dolor, están totalmente colmados por los callos y sangre coagulada. Mis zapatos van dejando tarugos en el suelo, trato de gritar, pero me acuerdo de que mi voz al parecer es demasiado baja. No me acuerdo cuando fue la última vez que estuve en mi casa, que pude guardarme de la lluvia o que una almohada de plumas fue la interlocutora de mi última conversación antes de dormir. 

Se me olvida el rumbo, porque jamás tuve muy claro qué significaba tan curiosa palabra. El calor del sol me dice que ya es otro día el que comienza; el rugir de mi estómago indica que hay que levantarse a buscar algo por allí. Tomo la media resma de periódico con la que me cubro del frío y la doblo para que se mantenga intacta unos cuantos días mas. 

No conozco la rutina, me levanto y doy unas cuantas vueltas, mientras se dañan los semáforos, mientras el dióxido de carbono se pasea por toda la metrópolis de esta jungla que llaman ciudad, mientras pasa el tiempo y sigo caminando, pero siempre llegando al mismo lugar. 

Cuando cae la lluvia, todos corren para no mojarse, yo decido bailar un poco y alegrarme en su compañía. Con la lluvia ácida me siento ciertamente identificado, pues, cuando llegamos, todos se echan a correr escapando de nosotros.

Son pocas las veces que he tenido un compañero digno para compartir un poco de mi historia, siempre han sido perros los que extrañamente, en mí, alojan calidez y transparencia. Si me ponen a contar, estoy seguro que tengo las cenas más románticas y personales. La soledad siempre ha sido una buena amiga, en tantas citas que hemos tenido, jamás ha faltado a ninguna y siempre le gusta la comida que cocino.

No soy un hijo de la calle, también tuve mamá, solo que no la conocí, aunque de igual manera imagino su rostro y sus dientes sonriéndome. Mis hermanos son el bolso que me regaló hace como dos años aquél señor del carrito amarillo, y estos zapatos que me encontré en la basura, que me protegen los -deitos- del asfalto que siempre está burde caliente. Mi papá tampoco lo conocí, pero a veces vienen esas gentes que se paran en las avenidas a repartir papeles, y me dicen que todos somos hijos del mismo padre, yo no es que les pare mucha bola, pero siempre me dejan -manquesea- medio pollito a la broaster.

Debe haber un gentío que se pierde de ver al -Catire- saliendo tempranito, yo lo veo todos los días, mientras me controlo el desayuno antes de que salga el aseo. Yo no creo en infecciones, ni en caspa, ni en piojo; ando tranquilito caminando con mis pantalones de caqui desteñidos, al menos son mas cómodos que el -bluyin- ese feo que me dieron la gente esa de la iglesia.

Todos los días yo me levanto con lo que me acuesto, ando despreocupado porque mi hogar es bien grande; la gente camina por mis pasillos y yo no le digo nada, son bienvenidos. Muchas veces me salto las comidas, es solo un lujo que me doy. Con este poco de industrias que hay, a veces me cae la lluvia ácida, pero siempre me quedo esperando sentadito a que mi sol vuelva a salir.

lunes, 11 de mayo de 2015

El viejo murciélago

"Concientizarte de tus dedos, sentir la realidad, olfatearla y hacerte parte de ella. Como una tonina, que es libre de elegir en un camino de tantas corrientes..."

Deslizar rápidamente las manos en esa vieja Tatay, aún le queda, cuando la compré me dijeron que era una guitarra para toda la vida. Dejar a un lado mi mochila, todos mis aperos e ir en rienda suelta, dejando un pasado atrás, perturbador y también fascinante. A penas estando consciente de que por cada segundo que pasa, dejo una estela de lo que ha sido mi vida, para él, para ella, para quien le interese...quizá nadie...solo importa nuestro pulso retumbando. 

Un corazón palpita con desespero, viajan a millones de Kilómetros por hora esos glóbulos rojos por cada una de tus venas, sientes ese fogaje y esas ganas de masticarte el labio. No hay forma de rascarte las entrañas, es imposible, seguir apresurado respirando es tu única opción. Las gotas de agua salada son buenas amigas cuando los poros no pueden ejercer endotermia. 

Con respecto a las quemadas en tus piernas, no te avergüences, te hacen ser única, el dueto de mis manos con sábila será tu remedio. No busques donde no hay, ven, que yo te ofrezco  un anochecer con todas las estrellas etiquetadas por número, con a penas un besito mañanero. Un cielo anaranjado, como tus ganas de tocarme sin contacto con esos labios de toronja, ese cielo que me pone a ver pajaritos.

Lamento por la cereza que me comí, con la que te ensucié el labio, yo te lo repongo con otro beso, lo siento, es mi manera de remediarlo, mi tentación y mi afán de endulzar todas tus heridas, incluso las que yo mismo te he causado; también por ese moretón que dejé en tu hombro cuando te cargué dormida de la hamaca hasta tu habitación. No es que sea brusco mujer, es que eres tan frágil que a veces pierdo la noción de lo delicado y suave de tu piel. 

Tu espalda poco a poco se va convirtiendo en el asilo donde quiero estar, incluso quiero adelantarme y apoderarme de todo el hogar que tu cuerpo me provee. Esta sensación tan desmesurable me está carcomiendo, es mejor que estés preparada a correr, porque en cualquier momento puedo ponerme lunático y creerme el león, ese que gobierna todo tu paraíso selvático. 

En una fiesta celebramos la despedida del nunca jamás. No quería esa porquería, por mí que lo entierren. Es un amanecer que evoca buenos días, un amanecer que evoca olor a café. Caricias desempolvadas y tensión arterial acelerada. Pasillos con puertas, ventanas cristalinas y con cortinas, hoy hay quien seque la loza mientras yo la friego. Está quien arrope los talones que por la noche se salen de la sábana.

Hoy espanté a ese último murciélago, el que quedaba en esta guarida abandonada, la que habían descuidado y estuvo tanto tiempo sin bombillo. Hoy espanté a ese último murciélgo, el que estuvo revoloteando y acompañando mis largas y solitarias noches. Hoy llegaste con una jauría de mariposas, espantaste con tu luz a ese viejo murciélago, al fin fue libre. 

miércoles, 6 de mayo de 2015

2 de Julio

Las nubes arman exhaustivamente un complot, para cuando esté durmiendo pueda usarlas como un tobogán gigante de colores fríos, ese tobogán pues, el que me llevará a esa realidad que estoy buscando. No me causa intriga el hecho de tener tantas dudas, solo me pone nervioso que pueda alcanzar el destino antes de tiempo y no pueda responderme tantas controversias. 

Entonces ¿Cómo carajo explico esta  mezcla sentimental tan grande? ¿A dónde te fuiste? ¿Estarás bien? ¿Por qué se supone que te extraño tanto? Lo único que tengo presente es este recuerdo ¿Qué recuerdo?, tú lo sabes. 

Ando paseando en góndola por Monte Carlo...sí por allá... Ando por Europa, en mis sueños, en mi galaxia, solo con mi zapatos deportivos en esta playa tan apegada a ese desconocido olor mediterráneo. Solo recordándote e imaginándote a mi lado. Los deditos de tus pies apenas pueden notarse enterrados bajo esa blanca arena. Sonríes y corres, sin dolor y sin nada que te detenga; sé que en tus planes se avecinaba esta travesía tan gratificante. No importa que estemos en días de pre-invierno, mi chaqueta es lo suficientemente grande para convidarte si sientes enfriar tu pecho. Si el sentir se prolonga, la Pistacia en la orilla será nuestra opción.

Hoy quiero invitarte a nuestra cita, a esa que nunca pude concederte. Prepárate y ponte cómoda que en cualquier momento puedo pasar por ti. Te llevaré a un callejón, donde comerás el plato más exquisito, sí, tu favorito. Hoy estoy a tu servicio por completo. 

No olvides traerme la guitarra que dejé en tu casa anoche, con la que estuve dedicándote canciones hasta que los animales del corral reclamaron su derecho. En esta jornada te confieso que no encuentro pieza para darte la serenata que mereces; no encuentro ni siquiera las palabras para escribir la canción que me inspiras y no puedo plasmar. 

Es notoria y homogénea la metodología que he usado para escribir en esta oportunidad, supongo que cuando se relata sobre algo tan transparente es un tanto difícil apegarnos a esos tan lindos recursos literarios.

A veces solo marcho con un recuerdo o de esas cosas que simplemente cargamos porque nos hacen sentir felices. Ponerme lentes oscuros y encender mi motocicleta, sentir la brisa y una compañía permanente en el asiento de atrás, que aunque no me abrace, puedo sentir tu grata protección.  

Uno o mas pensares, quizá un millón que no puedo ni siquiera contar, de esas energías que jamás te abandonan y esos recuerdos que exterminan tu rencor y tus impulsividades. Aún puedo convencerme que el recorrido entre las estrellas es posible, incluso puedo asegurar que tu mirada está puesta en el cielo así no sea 2 de Julio. Puedo observarte, así tu distancia sea más larga que la historia de nuestro planeta, mientras tenga mis ojos en la luna, una voz al oído me susurra y me canta que también la ves y te encuentras aquí a mi lado. 

domingo, 3 de mayo de 2015

Siempre él

Lo que difícilmente se esconde tras la mirada de un niño. Sentires que oportunamente son algo complicados de retratar y describir. Contracciones en el ala tres de la espina dorsal. Un sorbo de agua que te llena hasta el más pequeño indicio  de agotamiento. Un lóbulo frontal sublimando sinapsis. Esos escritos que están retenidos esperando un último párrafo. Casi ocho mil millones de personas en el mundo y solamente un combustible existente para este corazón.

Frotarme las manos fuertemente ante una controversial nervatura y preguntarme el  porqué es lo más inútil que he intentado hacer. Emprendí un camino hacia el mismo destino de siempre, buscando la montaña más alejada y virgen, miré hacia una cálida noche, una noche donde no oscureció ni un segundo. En este viaje, jamás he podido ver el fulano cinturón ese que me han hablado, lo siento, solo percibo lo que mis ojos necesiten ver y de igual manera lo saboreo de una manera increíble. 

Tu mente tan silenciosamente abierta ha hecho que te conviertas en mi lienzo. Las acuarelas se me han acabado, pero quedan si no me equivoco, uno o dos carbonsillos. Cómo retrato entonces, la dulzura de ese beso tan lícito y afable, o esos abrazos tan acogedores que solo tú gozas el  saber  de como emplear. 

A penas puedo respirar sin sentir tu olor tan singular. Tengo el privilegio de deleitarme con el sabor de tu cuello sin tocarte, algo completamente insólito. La sensación de sentirme exclusivamente tuyo sin que tengas que emitir ni una sola palabra. Tus ojos lo hacen todo por ti. Brutal.

Quién le dice al paracaidista que es demasiada altura o quién me dice a mí que ya es suficiente de anhelarte tanto. Puedo nadar en el triángulo de las bermudas y perderme, nunca ser encontrado, entrar en una lista y acabar como uno más de las miles de personas que se desaparecen todos los días, sin embargo, hoy siento que puedo ser sobrenatural y prevalecer en tu historia a través de mis palabras. 

El miedo es una opción en dos contextos, uno cuando ya te han asustado y en otro cuando no lo has hecho, por lo desconocido; el amar, locamente tiene cabida en los mismos campos. El amor te hace cosechar una fuerza tan grande, que puedes llevar un millón de experiencias inolvidables en tu lomo, sin abandonar ninguna, solo con ganas de seguir persistiendo.

Y es eso, una vez más, has tocado mi puerta, volviéndome lo suficientemente liviano como para convertirme en ave de mal agüero y encimarme en las casas de las embarazadas por allá en la comunidad Guajira; pero bueno, así de liviano y libre. 

No basta recorrer el diccionario entero para buscar las palabras correctas al momento de enamorarte, fuera de eso, solo basta ser yo mismo para abastecerte de lo mas transparente que existe dentro de mí, así, completamente para ti, te lo obsequio como parte de la deuda que tengo contigo por acabar con un pasillo lleno de oscuridad y  permitirme experimentar de nuevo el sabor de la lluvia en mis papilas y el proceso de oxigenación del aire ante mis ojos. 

Sí, es eso, lo que llaman amor en todo su esplendor. Siempre él tan difícil de hacerse explicar y describir, pero tan obvio ante la primera impresión. No podría ocultarte ni siquiera lo más pequeño de este gran paraíso que construiste en mi vida con solo ser tú, no podría siquiera negarme el temblor de mis manos cuando solo siento ganas de cargarte y decirte que me haces estar en el cielo con tus miradas y besos, no podría ocultarte mis palabras, aunque sean trilladas, metafóricas y confusas, cuando quiero decirte dulce y bajito al oído lo vivo que tú me haces sentir.