lunes, 27 de abril de 2015

Cuatro manos entrelazadas

Se me olvidó el tiempo que llevo persiguiendo esas intenciones tan escurridizas. Vamos, no te cohíbas y dímelas mientras miras mi seño fruncido  y evitas con toda tu reserva de vergüenza, ruborizarte y tener una mirada esquiva.

Juzgame, incluso declárame culpable ante mis notorias ganas de arrancarte la ropa  a mordiscos, sí, como una hiena avara y llena de un hambre inexorable. Puedes en todo tu derecho, negarme cada beso y solo burlarte de mí a centímetros de mi cara arrebatándome la última gota de esa agonizante aflicción. 

No hace falta mucha sabia para acoplar esa amargura que te provocaron quizá unos cuantos tragos de Cacique. Hoy solo te ofrezco mis besos como solución, algo resecos, algo rotos, con unas heridas que aún no dejan de sangrar, pero afines totalmente a tu disposición. Par de brazos, llenos de rasguños y de cayos,  lo bastante pesados y fornidos para cualquier invierno que pueda caer sobre ti. 

Hoy más que nunca quiero hacerte protagonista de mis crímenes y travesuras, hasta de ese único pecado que podemos tener en común. Montarnos en un velero a nuestra medida e irnos desde el Caroní hasta por allá por los lados de Apure; de ahí hasta donde la vida nos alcance, sin combustible, solo a donde la corriente le de la putísima gana de llevarnos. 

Las palabras son inacabables cuando me provoca sentarme y escribirte. Cuando se trata de ti, podría escribir y reinventar nuestra historia tantas veces que llegarían esas hojas blancas a mi cabeza y seguiría escribiendo sin importar la osteoporosis o la renal insuficiencia. Las palabras no me dan,  ni siquiera el bolígrafo azul, para relatarte lo que mis manos ásperas harían por esa sonrisa. 

Una mirada, un sofá, una sábana de matiz rosa, una silueta como la tuya para hablarle todas las noches hasta saciar mis ganas de protestarle al amor por ser tan grato. Una ronda más de besos en tus manos todos los días, hasta que duermas y solo sientas el rastro de mi boca en ellas. Una vida que quiero darte, un montón de risas en cada nueva jornada, desayunándonos, una cortina esperando ser abierta para mirar el paisaje que nos de la gana dibujar, las experiencias más desquiciadas que puedas tener, solo con una condición...cuatro manos entrelazadas.


domingo, 19 de abril de 2015

Nuestra morada multicolor

Como un niño, muevo mi mano y busco en la cesta de los crayones el color verde. Dibujo tres líneas iguales sobre una base recta, dibujo mi casa, dibujo mi castillo, ese paraíso que todos representamos en un cuadrado con una puerta y un techo triangular. Abro la ventana y el viento, tan igualado él, entra y me llena de frío, las sábanas creo que aun están en la lavadora porque no las consigo. Los vellos de mis brazos y mi barba acrespada, llegan de forma oportuna a evitar que mis manos hagan todo el trabajo para darme calor. 

¿Y dónde estás cuando te llamé ayer, carajita?...¿Haciéndome muecas otra vez desde tu balcón?...mmm...entiendo, solo te aprovechas de que estás dos pisos mas arriba y no puedo mirarte. Anda, trae tus colores y ayúdame a pintar nuestro ranchito,  la casita  donde quiero que vivamos. Ya me has dicho una que otra vez que no dibujas muy bien y que luego podemos hacerlo, pero no importa, yo sé que con cariño y paciencia podemos construir una donde quepamos los dos. 

¡Uy! no cargues esos ladrillos sola, me consta que tienes bastante fuerza para tu estatura, pero te puedes lastimar ¿qué te parece si yo te ayudo a levantarlos? no es que yo sea súper fuerte, pero no me gustaría ver tus manos suaves y blanquitas con algún rasguño, porque me verías obligado a darte besos en cada uno de tus deditos hasta que sanen.

Hoy me levanté antes de que el sol saliera a asomar sus bigotes, te quise besar y me dijiste que me comportara y me pusiera a batir la mezcla para empezar a pegar los bloques. La lluvia hizo de las suyas y no pudimos trabajar la jornada de la tarde, enhorabuena para un café hecho por tí y una rodaja de pan de chispas. Te confieso que dos tazas no me quitaron el sueño, aún tengo la desesperación de acostarme y encontrarte de nuevo en mis pensamientos. 

Ya nuestro jardín empieza a crecer, aunque las orquídeas fueron una excelente idea, te digo que la grama está llena de hormigas, aunque después de un rato les he justificado su hambre por mi meñique derecho. 

Hemos estado un par de horas dibujando lo que sería nuestro segundo piso. Me hablaste de un vestíbulo, de una cocina de tope e incluso de sembrar ají en un huerto cubierto. También me preguntaste el porqué de esa iniciativa de construir una casa contigo luego de ser tu vecino por tantos años. No supe responderte, supongo que es de esos retos que van llegando y mientras más peligrosos encuentras, más atractivos te parecen. 

A veces pienso bien y sigo sin entender por qué quieres que la puerta tenga la manilla del lado derecho. Yo te complazco en lo que quieras, es nuestro hogar y quiero que te sientas a gusto, pero de igual forma no entiendo...¡Bah!... para qué quiero entender, si igual yo también digo cosas que solo yo les encuentro sentido. Tranquila mi amor, si en la ferretería no encontramos puertas así, la construimos nosotros mismos. 

Nuestra quinta de ensueño empieza a coger forma. Los Helechos y Pinos hicieron una complicidad para ser nuestros campos de protección y oxígeno. Por primera vez abro la ventana y no hay presencia de ese viento frío tan igualado. Mi barba acrespada ahora sirve para frotarte la espalda y proveerte calor. Las sábanas las dí por perdidas al momento que supe que tus brazos las sustituyeron. Y la casita que empecé a delinear solo con mi crayón verde, terminaste volviéndola una aurora y un búnker multicolor, nuestra morada multicolor.

domingo, 12 de abril de 2015

¿Y quién pues?

"Es entonces cuando decides tirar del anzuelo, ese pez gordo que te quita la fuerza, ese pez que quizá se suelte y haga que pierdas todo el esfuerzo de una tarde exhaustiva..."

Me fui a una Laguna, por allá por los lados del Macizo. Cada centímetro que mis pies caminaban en ese trecho, era una ola de recuerdos que inmediatamente llegaban a mi cabeza y me impulsaban a sonreír con la cabeza cabizbaja. El verbo -escuchar- se remarcaba tanto en un contexto donde se supone que yo era orador, que no solo a veces provocaba callarse y oír, sino que siempre querías permanecer en silencio y disfrutar de historias con  la mejor dosis de realidad y humildad.

Saborear la comodidad muchas veces es difícil, el ser humano es tan inconforme, que podemos tener un almacén de múltiples hectáreas lleno de todos nuestros caprichos, y aún así estamos infelices por el color de sus paredes... ¿Y si decidimos de vez en cuando, salir de la comodidad y enfrentarnos a una pequeña gran cucharada de aspereza y pegoste? creo que sería sensato conocer como individuos, el límite que podemos alcanzar. 

El amor es una vaina arrecha, me atrevo a decir que todas las horas invertidas por cantantes, poetas y filósofos en el tópico del amor, recolectarían solo una pequeña parte para financiar una campaña que haga entendernos esa telaraña tan rebuscada. Tengo éxito en el amor, lo admito, mi mamá me dejó una gandola llena de él antes de marcharse, por eso quizá trato de encontrar con quién compartirlo...pero de que he tenido éxito, lo he tenido. 

Como siempre intento no tocar el tema del amor, pero es difícil compañero, es difícil. Sin embargo, trato de no desviarme, pero es que en toda historia hay un poco de él, la verdad a veces me incomoda; pero ¿Cómo vive un ser sin amor? sería un excelente tema de tesis, aunque no habría de dónde sacar muestra o marco teórico, todos de alguna manera tienen un poco de esa sustancia por dentro. 

Es interesante cómo se ve una comunidad desde arriba, su gente, sus motivos, su futuro, su pasado mismo, y aunque sean diferentes a las tuyas, te das cuenta que siempre hay un marco de igualdad bastante complejo con el prójimo. No importa de dónde seas, todos buscamos algo y venimos de algún lugar; todos tenemos, metafóricamente hablando, nuestra casita de adobe, la cafetera de arcilla y los girasoles en el patio. 

Evaluando realidades a veces te encuentras con diatribas fuertes, individuos de quién aprender más que repeler; artistas empedernidos y también de esos que aman la vida sin ninguna razón concreta. Pero ahí está la cosa, creo que no existen razones concretas, solo somos porque queremos ser y cuando queremos ser.

¿Quién nos dice que no pues?...¿Quién me dice que no puedo observar la noche y admirarla de cerca junto a mi cuaderno de fluidos?...¿Quién me debate que soy yo el que no tiene la razón?...¿Quién me dice que no puedo dormir abrazado a tí sin tocarte?...¿Quién me dice viejo, cuando pisando los 30 extraño a mi abuelita como cuando tenía 8?...¿Quién me roba el sueño de llevar palabra a quién lo necesita?...¿Quién nos dice que un tambor de agua es insuficiente?... ¿Quien dice que lo que me comí hoy no es lo más sabroso que he comido jamás?...¿Quién me refuta que la sonrisa de un niño para mi lo es todo?...¿Quién eres tú para decir de lo que me perdí allá afuera?...¿Quién coño eres tú para meterte con mis muchachos?...

Podemos discutir, incluso llegar a la conclusión de que estamos cuerdos y claros, pero es que somos lo que somos y estamos donde queremos estar, por quien queremos, y por quién lo necesita...y si no...¿Quién nos dice que somos demasiados para convivir en este salón?.


Dedicado, con todo el amor del mundo: a ustedes.