Se me olvidó el tiempo que llevo persiguiendo esas intenciones tan escurridizas. Vamos, no te cohíbas y dímelas mientras miras mi seño fruncido y evitas con toda tu reserva de vergüenza, ruborizarte y tener una mirada esquiva.
Juzgame, incluso declárame culpable ante mis notorias ganas de arrancarte la ropa a mordiscos, sí, como una hiena avara y llena de un hambre inexorable. Puedes en todo tu derecho, negarme cada beso y solo burlarte de mí a centímetros de mi cara arrebatándome la última gota de esa agonizante aflicción.
No hace falta mucha sabia para acoplar esa amargura que te provocaron quizá unos cuantos tragos de Cacique. Hoy solo te ofrezco mis besos como solución, algo resecos, algo rotos, con unas heridas que aún no dejan de sangrar, pero afines totalmente a tu disposición. Par de brazos, llenos de rasguños y de cayos, lo bastante pesados y fornidos para cualquier invierno que pueda caer sobre ti.
Hoy más que nunca quiero hacerte protagonista de mis crímenes y travesuras, hasta de ese único pecado que podemos tener en común. Montarnos en un velero a nuestra medida e irnos desde el Caroní hasta por allá por los lados de Apure; de ahí hasta donde la vida nos alcance, sin combustible, solo a donde la corriente le de la putísima gana de llevarnos.
Las palabras son inacabables cuando me provoca sentarme y escribirte. Cuando se trata de ti, podría escribir y reinventar nuestra historia tantas veces que llegarían esas hojas blancas a mi cabeza y seguiría escribiendo sin importar la osteoporosis o la renal insuficiencia. Las palabras no me dan, ni siquiera el bolígrafo azul, para relatarte lo que mis manos ásperas harían por esa sonrisa.
Una mirada, un sofá, una sábana de matiz rosa, una silueta como la tuya para hablarle todas las noches hasta saciar mis ganas de protestarle al amor por ser tan grato. Una ronda más de besos en tus manos todos los días, hasta que duermas y solo sientas el rastro de mi boca en ellas. Una vida que quiero darte, un montón de risas en cada nueva jornada, desayunándonos, una cortina esperando ser abierta para mirar el paisaje que nos de la gana dibujar, las experiencias más desquiciadas que puedas tener, solo con una condición...cuatro manos entrelazadas.