Si, es verdad que suelo ser algo terco cuando se trata de gustos. Cuando me preguntan, siempre digo que para llenarme en un -cien-, tiene que existir un híbrido entre la sencillez y la complejidad; luego progresar a crear un término que lo describa y así por fin poder responder. Me dicen "Hermano tú eres un peo, te gustan las mujeres que pasan desapercibidas, pero al conocerlas o detallarlas, son unos mujerones" quizás sea así, no lo sé, creo que con cualquiera que se atreva a tomar un café y a hablar de un millón de cosas sin terminar conmigo, es una mujer a quién mis ojos se le pueden encimar.
Hoy, luego de tanto, no tomo el detallar como prioridad y me voy más a lo humano, más a lo sentimental y esas cosas que uno solo ve en películas y vaina. Por encima del -rabito- del ojo me encandilé fuertemente con una sonrisa, una sonrisa que venía acompañada de una piel un poco tostada y e inocente a las marcas de raspón. Mi cabeza por un minuto pensó que podía dar la vuelta entera mirando a semejante paisaje, hasta que el cuello le avisó que eso no se podía hacer. He aquí cuando me he simpatizado con la simpatía misma de unas pestañas gruesas y largotas y una risa chillona de niñita.
Ahora que empiezo a recordar me digo: ¡Muchacho! ¿Hace cuánto que no sentías esta vaina? estabas tú carajito...aaaay bien bonito...tú y que según que la imponencia que tal, de tan rudo que te la das y andas botando todas las reservas de saliva que tienes, esa seguro ni te para bola, a parte ni la conoces; bueno chico pero no te voy a negar que está bien linda, en medio de todas, a la única que le eché un ojito fue a ella, además esa cicatriz le da un toque sexy.
Rompí las barreras y empecé a hablarle, a saludarla, a tirarle de vez en cuando un piropito. Ella me respondía bien, pero yo más gallo que la palabra. Esa mujer me sonreía y las rodillas se me ponían más flojas que muela de vieja; la seguridad se me iba de repente, era una vaina loca pana, o sea, yo el carajo más extrovertido que conozco y temblando jajajajaja, que loco en serio. Lo bueno es que conseguí acercarme mucho y ella también se fue acercando a mí, todo fue tomando su rumbo.
O la invito a dar una vuelta o me quedo sin chance, me dije, pero no iba a pelar esa oportunidad. Para qué contar lo que sucedió alrededor de nosotros, si la verdad es que mi atención estaba puesta en esta mirada que solo me seducía y me mantenía en un rubor permanente. No sé cuantas veces nuestros ojos estuvieron viéndose y diciéndole a los de ella que me sentía en una nube de lo grande que fue el momento, un momento especial, uno de esos pocos momentos en la vida donde experimentas lo que es la cima en todos los sentidos. Un instante que se hizo fugaz al no querer despegar mis manos de esa cintura cuando la tenía al frente.
No sé qué me pasó, ni sé realmente qué me pasa ahora. Fue una noche donde la juventud vino y se quedó un largo rato, una noche donde el silencio y los nervios hablaron más fuerte que la charla. Un sueño que fue tan real, que no me ha dejado dormir aún. Me pongo a ver la vaina y veo que no importa lo que uno busque, si encuentras algo que te encanta, te encanta de la manera que sea, sin prejuicios y sin guevonadas. Pienso pienso y la careta que asumí hace algunos meses, desapareció por un instante prolongado y se encaprichó ocasionando una sonrisa en mi cara, borrando un contexto donde el ser yo mismo estaba haciendo falta. Luego de haber entrado en un nuevo episodio del amor, me di cuenta que no es muy complicado la cosa, que solo hicieron falta seis letricas nada más para estar en la cúspide que anhelaba.