martes, 20 de enero de 2015

Perfume de Nina con Ron de coco

"Siempre nos enseñan a mirar el vaso medio lleno...tú debes descubrir como llenarlo hasta el tope"

Bajo por las escaleras y me encuentro con tu espalda descubierta por esa blusa gris. Tu cabello a penas puede cubrir tus mejillas. Tus pies están en un triste debate entre torcidos y temblorosos. Brillan que brillan tus ojos, pero de lágrimas. Estás hedionda a rencor, a dolor, a venganza; tu sonrisa no pisa la honestidad, yo creo que ni siquiera logra pellizcarla. Yo creo saber lo que estás tramando, estoy cien por ciento seguro que lo que vayas a hacer no lo estás pensando detenidamente.

Créeme que no lograrás nada tirando todo a la mierda y haciéndote la víctima. Todos saben que el amor ha sido un bloque de concreto  cayendo en caída libre  directo a tu pecho, que ya estás harta de ser el juguetico del pueblo, pero por Dios tú te lo ganaste...¿es que ahora que estás toda escoñetada esperas darte el puesto que debías darte hace años? ¡No me jodas chica!

Todo lo que pasa es solo tu culpa, yo te lo advertí. Te dije que te estabas metiendo en un peo enorme cuando me pediste que te llevara a casa del cabronsito de Julian. Pero eres tan inocente como terca; tan frágil como un cigarrillo bajo la lluvia. Me duele realmente lo que pasas, me duele, y yo que tanto te amo, y no me miras. Yo que te digo las cosas y tú dices que yo soy el malo, que porque en una vida tuve miles de mujeres en bandeja como las había querido y donde las había querido, dices que no estarías con un tipo como yo. 

Igual es parte de mi pasado, supongo que tuve un intérvalo exhaustivo en el que  me di cuenta que que los hombres somos una mierdota y por eso te han salpicado de limón las heridas por ingenua, pero también por taparte los oídos con saliva de loro y no saber escuchar.

Ahora camino, como sabes me gusta caminar y siempre te encuentro llorando en una esquina, lamentándote y abrazándome porque te volvieron a herir. Pero yo no quiero seguir en eso, no quiero seguir siendo el pendejo que está detrás tuyo advirtiéndote y diciéndote que tengas cuidado como un fiscal de tránsito, porque aunque aún tenga un interés, creo que es muy cínico y obvio el hecho de que solo te consuelo porque te quiero para mi.

¿Pero por qué no quieres estar conmigo? aquella vez  que tuvimos ese encuentro tan extraño, ese que como suricato fuera de su nido, me dio a entender y sentir que eras la mujer que ocasionaba cosas extrañas en mi estómago, eso mismo de lo que la gente siempre habla, y también esa sensacion de adrenalina y excitación  un poco más abajo cuando te vi luego de haberte cargado desnuda y borracha por el pasillo de la casa de tus tíos cuando ellos dormían; esa vez, esa misma, cuando luego de recostarte en tu cama, solo quería quedarme y tatuarte mi nombre en el cuello y en cada centímetro de tu piel, esa piel tuya que tenía un dulce hibrido entre Nina y ron de coco, que me llevaba a delirar y sufrir de alteraciones en el lóbulo frontal y actuar impulsivamente por mi ello. Yo sé que querías, que como sabías que yo te iba a rescatar, bebiste como si el mundo se fuera a acabar esperando ese momento. Pero decidí no hacerlo, yo no te merecía en ese momento... Luego me arrepentí, pero como dicen, la vida es una decisión, la hubiésemos pasado muy bien.

He estado en todas las etapas donde puede estar un hombre que quiere estar con una mujer. Te he aconsejado, te he gritado cuando estás equivocada como nadie lo ha hecho y he soportado tu victimización en cada berrinche. He cambiado. Literalmente hice una incisión sobre una gruesa capa de miseria para rescatar lo mejor de mi y dártelo. Te he observado  hasta cuando has tomado decisiones llenas de escoria, que yo tengo claro que algunas vez yo tomé y te herí, pero no importa en cada una de esas decisiones te apoyé aunque mis gritos estuviesen de por medio. Pero no importa, el hecho de doblegarme tanto y muchas veces pisar el charco para que tu pasaras, solo me hizo dar cuenta de una cosa...que eres tú la que no me merece.

martes, 13 de enero de 2015

Viviendo por tí, mi Ana Luisa

"Aquellas visiones que tenemos, son esas que nos hacen obrar... Aquellas obras que hacemos, son esas que nos hacen ser quienes somos"

Luego de tanta tertulia, al final no pude viajar a Bologna como tenía planeado para este año. Fue una decepción grande para mi, ya que al fin iba  a culminar mi maestría en el amor... Sí... en el amor.

Ya estábamos bordeando la boda de plata; esos treinta años llenos de viajes, de kilómetros, de esas esperadas arrugas en nuestra frente, de tantas travesías en clandestinidad a la inocencia. Esas tres décadas seguidas que no supieron enseñarme a tender la cama como tú y a lograr el punto que me gusta en el filet de solomo en la cocina. 

Pero Ana Luisa, no me digas que fue por tu remuneración anual que no pudimos viajar, o sea, no me des falsos testamentos ni te hagas como la que no quiere la cosa. Tantas veces que hemos viajado con nuestros ahorros, esos ahorros que usamos para emergencias; siempre nuestro estilo ha sido viajar y darnos los gustos que nos gusten, no sé qué pasa, a lo mejor ya estás cansada. 

Estaba preparando todo para irnos por primera vez a Italia. Una conmoción, luego de recorrer toda Latinoamérica, como el Ché, pensé que podríamos innovar y viajar en avión, pero nunca me dijiste que en aquél verano del 83, me propusiste viajar en motocicleta porque le tenías miedo a las alturas... Mmmhh... ¿Cuántas cosas me habrás ocultado Ana Luisa? Eres una mentirosa de patas cortas, esas patitas que pudiste ocultar tantos años; bueno eso ya no importa, igual la travesía en dos ruedas ha sido la musa de nuestras historias blancas y negras.

Recuerdo la semana de Carnaval cuando nos fuimos a las playas de Barranquilla, esa al norte del pueblo donde se veían todas las estrellas juntas como cardúmen de curvinata, esas que quizás hoy en día no se ven por la contaminación, pero que prevalecen en nuestros recuerdos y hacen que podamos revivir esos pequeños fragmentos de gloria, esos días donde anhelábamos que el sol no despertara para seguir nadando desnudos en el muelle que tomamos como nuestro. Era éxtasis, era nuestro sistema hormonal tal así, como el de dos muchachos enamorados escapándose de la vida. 

A través de todo este camino de baldosas donde hemos caminado, los celos han sido nuestros aliados; por eso quizá somos tu y yo tan unidos. Date cuenta, son treinta años juntos, se podría decir ya que somos hermanos... Si exacto, se podría decir porque realmente aún no aguantamos mas de dos días sin hacernos el amor, es una locura que tenemos en común; esa locura que tendremos siempre gracias a estar en fidelidad con nuestra promesa de nunca despedir este espíritu de niñez. 

Llevo horas hablándote y no me quieres decir nada, es como si un rastrillo hubiese pasado por encima de tus palabras ¿Acaso te pegó la nostalgia?...¿o es el simple hecho de ya no querer viajar? Si me preguntas diré que eres maravillosa y que tus años te hacen ver cada vez más hermosa. Quizás tú ves arrugas y una raíz blanca en la mitad de tu pelo, quizás tus piernas no están ya tan fuertes para subir al Cotopaxi, o al menos eso es lo que te dice tu espejo, pero la verdad mi amor es que aún nos queda un mapa gigantesco por recorrer. 

Discúlpame si el que comprara dos boletos a Bologna te hizo canalizar el hecho de que la vida ha sido generosa con nosotros por regalarnos tanto contacto con la naturaleza, tanto vigor, tanta lujuria, tanto espíritu por haber realizado nuestros grandes trayectos solo con una mochila y ganas de marchar, pero créeme que ya llegó el momento de experimentar nuevas cosas y cuidarnos, pues ya no somos unos muchachitos... Yo sé que te entristece, han sido unos maravillosos años, pero tranquila mi Ana Luisa que si estamos juntos, en donde lleguemos, todo mantendrá su misma magia, pues siempre ha sido así. 

Viajemos a Europa este año, o quizás solo a Caracas, a un río donde podamos ir en nuestro carro o en nuestra antigua moto. Viajemos a dónde sea, pero recuerda mi Ana Luisa, donde quiera que estemos ese lazo lleno de vigor nos arropa, como arropó al niño lleno de acné que te besó en la plaza de la facultad de Literatura y te dijo que viviría y mataría por conquistarte, y así lo hizo. Hoy no mata, pero vive con una razón...el permanecer y respirar junto a tí mi Ana Luisa.

domingo, 4 de enero de 2015

La idea que se me olvidó

"Mi mamá era una mujer divertidísima, le encantaba bailar, cocinar y si me compraba un helado y yo no le daba me decía que no me iba a brindar más por coño de madre..."


Estaba medio dopado aún del sedante que me diste para poder olvidarme de ti. Me levanté de la nube súper acolchada donde estaba acostado y decidí hacerme desayuno. Unas arepas con huevo frito  y caraotas ponen los glóbulos rojos a diez mil por la mañana, y si tienes par de años durmiendo, pues más todavía. 

Una cosa rarísima es que no recuerdo que pasó anoche. Trato, trato, trato, pero es como una amnesia particular, una donde alguien metió su mano y decidió borrarme solo un pequeño número de recuerdos. De forma extraña solo pasa por mi mente una mano, como un huracán, con mucha rapidez golpeando mi cara. 

A veces me pregunto si pasaré toda la vida solo, si esta cama King side, que compré con las utilidades del Diciembre del año antepasado, la compartiré con alguien que no sea la señora curiosa que no molesta, la señora que no tiene mi apellido, la señora fiel que no grita: la dulce soledad. La paciente espera seguirá de visita mientras no decida despertar. 

Hace un tiempo leí las cartas que me dejó alguien, la verdad no sé quién las escribió, pero se estaba despidiendo de forma oportuna, ya que reflejaba el fin de la guerra como una oportunidad de comenzar una nueva vida. La carta estaba dirigida a mi dirección anterior, a la casa de mis padres. Luego de pasar un rato confundido, indagué que quizás fue mi vida pasada la que me había escrito, recordándome que la idea que tenía sobre abandonar la guerra y empezar un nuevo ciclo de vida, se me había olvidado. 

He aquí cuando rebobino y me empiezan a llegar como lluvia, recuerdos y vivencias. Realmente tenía una vida contigo, realmente la empecé, realmente me conquistaste y  te conquisté, venciste ese miedo que tenías a escapar de tus padres para irte a vivir conmigo al sitio que bautizamos como el "Jamás y siempre" allá vale, muy cerquita de la felicidad. Realmente nos amábamos. 

Entonces no sé que pasó, ahora que veo mi colchón de nuevo, sí se ven unas cuantas marcas de una silueta que no es la mía. Esa mano que pasó con rapidéz fue realmente una cachetada de la vida que me dolió mucho ahora que me miro y observo el moretón. También recuerdo que reías, esa risa tuya que tanto me gustaba. Pero no recuerdo por qué reías. Dios mío así sería la borrachera que tuve anoche que no recuerdo por qué mi musa se marchó.

Creo que estoy empezando a volverme loco, si no es que ya lo estoy. Han pasado doce años desde que te marchaste y aún pienso que fue ayer. Se me ha hecho tan largo el tiempo que a veces pienso que ya voy por mi séptima vida. Se ha vuelto un sin fin de sueños tu partida; te recuerdo en la cocina, en la habitación, en el carro cuando ibas a comprar las frutas al mercadito y haciendo la contabilidad del mes, en esa que yo sigo siendo muy poco habilidoso. 

No sería capaz de justificar mi bancarrota en el amor. Aunque la idea que se me había olvidado ya empecé a recordarla y decidí perforar mis horizontes encontrando una nueva semilla en el mundo de la convivencia, tu sigues estando palpada en aquél sitio donde estuvimos muchas veces.

Estaba medio dopado aún del sedante que me diste para olvidarme de tí... No tuviste éxito, me he levantado cada día en nuestro "Jamás y siempre" recordando que jamás podré olvidarte y siempre estarás en mi corazón sin importar en qué sitio te encuentres. Esa risa con la que te despediste cuando dormía es mi inspiración a despertar cada día feliz; feliz porque puedo pensarte con humildad y saber que estás sonriendo.