Bajo por las escaleras y me encuentro con tu espalda descubierta por esa blusa gris. Tu cabello a penas puede cubrir tus mejillas. Tus pies están en un triste debate entre torcidos y temblorosos. Brillan que brillan tus ojos, pero de lágrimas. Estás hedionda a rencor, a dolor, a venganza; tu sonrisa no pisa la honestidad, yo creo que ni siquiera logra pellizcarla. Yo creo saber lo que estás tramando, estoy cien por ciento seguro que lo que vayas a hacer no lo estás pensando detenidamente.
Créeme que no lograrás nada tirando todo a la mierda y haciéndote la víctima. Todos saben que el amor ha sido un bloque de concreto cayendo en caída libre directo a tu pecho, que ya estás harta de ser el juguetico del pueblo, pero por Dios tú te lo ganaste...¿es que ahora que estás toda escoñetada esperas darte el puesto que debías darte hace años? ¡No me jodas chica!
Todo lo que pasa es solo tu culpa, yo te lo advertí. Te dije que te estabas metiendo en un peo enorme cuando me pediste que te llevara a casa del cabronsito de Julian. Pero eres tan inocente como terca; tan frágil como un cigarrillo bajo la lluvia. Me duele realmente lo que pasas, me duele, y yo que tanto te amo, y no me miras. Yo que te digo las cosas y tú dices que yo soy el malo, que porque en una vida tuve miles de mujeres en bandeja como las había querido y donde las había querido, dices que no estarías con un tipo como yo.
Igual es parte de mi pasado, supongo que tuve un intérvalo exhaustivo en el que me di cuenta que que los hombres somos una mierdota y por eso te han salpicado de limón las heridas por ingenua, pero también por taparte los oídos con saliva de loro y no saber escuchar.
Ahora camino, como sabes me gusta caminar y siempre te encuentro llorando en una esquina, lamentándote y abrazándome porque te volvieron a herir. Pero yo no quiero seguir en eso, no quiero seguir siendo el pendejo que está detrás tuyo advirtiéndote y diciéndote que tengas cuidado como un fiscal de tránsito, porque aunque aún tenga un interés, creo que es muy cínico y obvio el hecho de que solo te consuelo porque te quiero para mi.
¿Pero por qué no quieres estar conmigo? aquella vez que tuvimos ese encuentro tan extraño, ese que como suricato fuera de su nido, me dio a entender y sentir que eras la mujer que ocasionaba cosas extrañas en mi estómago, eso mismo de lo que la gente siempre habla, y también esa sensacion de adrenalina y excitación un poco más abajo cuando te vi luego de haberte cargado desnuda y borracha por el pasillo de la casa de tus tíos cuando ellos dormían; esa vez, esa misma, cuando luego de recostarte en tu cama, solo quería quedarme y tatuarte mi nombre en el cuello y en cada centímetro de tu piel, esa piel tuya que tenía un dulce hibrido entre Nina y ron de coco, que me llevaba a delirar y sufrir de alteraciones en el lóbulo frontal y actuar impulsivamente por mi ello. Yo sé que querías, que como sabías que yo te iba a rescatar, bebiste como si el mundo se fuera a acabar esperando ese momento. Pero decidí no hacerlo, yo no te merecía en ese momento... Luego me arrepentí, pero como dicen, la vida es una decisión, la hubiésemos pasado muy bien.
He estado en todas las etapas donde puede estar un hombre que quiere estar con una mujer. Te he aconsejado, te he gritado cuando estás equivocada como nadie lo ha hecho y he soportado tu victimización en cada berrinche. He cambiado. Literalmente hice una incisión sobre una gruesa capa de miseria para rescatar lo mejor de mi y dártelo. Te he observado hasta cuando has tomado decisiones llenas de escoria, que yo tengo claro que algunas vez yo tomé y te herí, pero no importa en cada una de esas decisiones te apoyé aunque mis gritos estuviesen de por medio. Pero no importa, el hecho de doblegarme tanto y muchas veces pisar el charco para que tu pasaras, solo me hizo dar cuenta de una cosa...que eres tú la que no me merece.