“Si me preguntan por una tonada, seguramente respondería con algún
pasaje romántico Guariqueño... esos mismos los que le cantan al guayabo…”
La verdad no me acuerdo cuándo
fue que agarraste tus corotos y supuestamente te marchaste. Lo que recuerdo es que hacía calor y que fue
después de que creíste tirar la puerta. No me pongas a rebobinar sobre esos
días con lluvia tan ácida, porque sabes que no me gusta; además hay unas
cuantas cosas que nos hicieron cantar en octavas muy altas.
En medio de tanta brisa y un
cielo grisáceo entristecedor, venías tú con tus pasitos cortos caminando. Un
blazer negro arropaba tus pálidos brazos y las puntas de tus zapatos estaban
algo mojadas por no poder alcanzar a saltar los charcos. Escogiste dejarte el
cabello muy cortito para cerrar ese otoño, y a pesar de que tu mirada era
cabizbaja, tu ojo izquierdo me reflejaba una inocencia picarona…sí, esa
inocencia picarona que me sigue excitando y enamorando.
La verdad es que yo lo vi y no
sentí nada, solo acoso. Esa manera en la que me saludaba tan cordial, me irradiaba:
mmm no sé, cosas extrañas dentro de mí; quizás esas que al final me terminaron encantando.
Él podrá ser todo, pero jamás miró a ninguna con la dulzura con la que me mira,
esa dulzura tan común, esa dulzura que corre por mis venas y no me permitía
decirle no.
Lo que más me encanta de ti es
que para arrecharte conmigo te haces la dura, me pones a idear exhaustivamente
una manera para causarte molestia ¡¿Qué imbécil verdad?!...Supongo que al
final, después de tantos años, me sigues poniendo nervioso y me haces actuar
como tonto en todo el sentido de la palabra. Lo que pasa es que antes te
encantaba cuando me hacía el tonto, ahora raramente lo encuentras infantil
Yo sé que piensa que ya no me gustan
las cosas que hacía antes, y quizás es mi error, pero es que se ha vuelto tan
básico. Sigue hablándome como en el
primer día que me vio, cuando me despierta, y eso es lindo, pero…bueno está
bien…eso me sigue derritiendo si soy sincera… Es que todos los días me hago la
pregunta de si llegaremos a algún lado, si la monotonía consume este episodio
que comenzó tan rápido, la verdad es que me aterra; por eso decido irme antes
que todo pueda morir.
Es la mujer más histérica del
mundo, es que sale a la cocina todas las mañanas y busca en los rincones, a
donde ni las hormigas llegan, a ver si encuentra un resto de comida, o de algo
que le cause asco, para levantarme de mi cama un domingo y preguntarme si estoy
enterado que la cocina está hecha un chiquero…¡Dios! Cualquiera podría pensar
que no la soporto…pero es que cuando hay tanto amor de por medio, la verdad ni
con esa, ni con cualquier rabieta logra desencantarme.
Si, oye, cuando leas espero que
recuerdes que sé tu nombre completo, que sé que te gusta poco el dulce pero que
adoras un pedazo de brownie casero. También sé que en tu guarda-ropa no hay
matices, o es blanco o es negro. Está bien si quieres irte y dejarlo todo,
siempre te he admirado por tu firme posición. Y si tus metas no están en compañía con las
mías, lo comprendo en mi terquedad. Lamento por no expresarte un millón de
veces cuánto te deseo y mencionarte un millón de veces lo ricas que te quedan
las arvejas cuando las haces con chuleta.
No olvides que sé a dónde vas,
porque de la costumbre, antes de que imaginaras lanzar la puerta al marcharte; me
dijiste a toda voz que te ibas a casa de tu hermana. Cúlpame por todos los
errores que he cometido durante años, cúlpame por tener que pelearte hasta
cuando estás fugándote, cúlpame si ya no te abrí más la puerta del carro,
cúlpame por enamorarme de ti cada mañana en silencio, sin decírtelo, sé que es la
actitud más idiota del mundo… Pero no me culpes cuando en tres minutos y medio:
salga corriendo a buscar tus brazos y pedirte que me perdones una vez más.