lunes, 29 de diciembre de 2014

Dilencio: Un dilema en silencio

“Si me preguntan por una tonada, seguramente respondería con algún pasaje romántico Guariqueño... esos mismos los que le cantan al guayabo…”

La verdad no me acuerdo cuándo fue que agarraste tus corotos y supuestamente te marchaste.  Lo que recuerdo es que hacía calor y que fue después de que creíste tirar la puerta. No me pongas a rebobinar sobre esos días con lluvia tan ácida, porque sabes que no me gusta; además hay unas cuantas cosas que nos hicieron cantar en octavas muy altas.

En medio de tanta brisa y un cielo grisáceo entristecedor, venías tú con tus pasitos cortos caminando. Un blazer negro arropaba tus pálidos brazos y las puntas de tus zapatos estaban algo mojadas por no poder alcanzar a saltar los charcos. Escogiste dejarte el cabello muy cortito para cerrar ese otoño, y a pesar de que tu mirada era cabizbaja, tu ojo izquierdo me reflejaba una inocencia picarona…sí, esa inocencia picarona que me sigue excitando y enamorando.

La verdad es que yo lo vi y no sentí nada, solo acoso. Esa manera en la que me saludaba tan cordial, me irradiaba: mmm no sé, cosas extrañas dentro de mí; quizás esas que al final me terminaron encantando. Él podrá ser todo, pero jamás miró a ninguna con la dulzura con la que me mira, esa dulzura tan común, esa dulzura que corre por mis venas y no me permitía decirle no.

Lo que más me encanta de ti es que para arrecharte conmigo te haces la dura, me pones a idear exhaustivamente una manera para causarte molestia ¡¿Qué imbécil verdad?!...Supongo que al final, después de tantos años, me sigues poniendo nervioso y me haces actuar como tonto en todo el sentido de la palabra. Lo que pasa es que antes te encantaba cuando me hacía el tonto, ahora raramente lo encuentras infantil

Yo sé que piensa que ya no me gustan las cosas que hacía antes, y quizás es mi error, pero es que se ha vuelto tan básico. Sigue hablándome como  en el primer día que me vio, cuando me despierta, y eso es lindo, pero…bueno está bien…eso me sigue derritiendo si soy sincera… Es que todos los días me hago la pregunta de si llegaremos a algún lado, si la monotonía consume este episodio que comenzó tan rápido, la verdad es que me aterra; por eso decido irme antes que todo pueda morir.

Es la mujer más histérica del mundo, es que sale a la cocina todas las mañanas y busca en los rincones, a donde ni las hormigas llegan, a ver si encuentra un resto de comida, o de algo que le cause asco, para levantarme de mi cama un domingo y preguntarme si estoy enterado que la cocina está hecha un chiquero…¡Dios! Cualquiera podría pensar que no la soporto…pero es que cuando hay tanto amor de por medio, la verdad ni con esa, ni con cualquier rabieta logra desencantarme.

 A veces me pongo a meditar y caigo en que quizás no me quiero tanto. Tantos años que he estado con él y tantas cosas que he soportado, que le he hecho, que nos hemos hecho. Tantos lindos ratos que hemos pasado. Honestamente, ha sido una vida entera que hemos estado juntos, pero ya llegó el momento de que las cosas tomen vuelo, no sé cuánto más podremos soportar…Ay dios mío ¿será que se comió lo que le dejé en el microondas? Pobrecito ese no debe haber co…¿qué me pasa? yo estoy como loca de verdad…bueno voy a calentar el carro.

Si, oye, cuando leas espero que recuerdes que sé tu nombre completo, que sé que te gusta poco el dulce pero que adoras un pedazo de brownie casero. También sé que en tu guarda-ropa no hay matices, o es blanco o es negro. Está bien si quieres irte y dejarlo todo, siempre te he admirado por tu firme posición. Y si tus metas no están en compañía con las mías, lo comprendo en mi terquedad. Lamento por no expresarte un millón de veces cuánto te deseo y mencionarte un millón de veces lo ricas que te quedan las arvejas cuando las haces con chuleta.

No olvides que sé a dónde vas, porque de la costumbre, antes de que imaginaras lanzar la puerta al marcharte; me dijiste a toda voz que te ibas a casa de tu hermana. Cúlpame por todos los errores que he cometido durante años, cúlpame por tener que pelearte hasta cuando estás fugándote, cúlpame si ya no te abrí más la puerta del carro, cúlpame por enamorarme de ti cada mañana en silencio, sin decírtelo, sé que es la actitud más idiota del mundo… Pero no me culpes cuando en tres minutos y medio: salga corriendo a buscar tus brazos y pedirte que me perdones una vez más. 

lunes, 22 de diciembre de 2014

Cancionero de la segunda mitad

Entonces me senté a escribir una vez más. Solo con ganas de volver a escribir. Me bastaron tres segundos para saber que quería escribir sobre ella.

***

Escuché a mitad de la última mitad que queda de este año, una canción que supo como ingeniárselas para meterse en mi cabeza y no salir. Ese tipo de canciones en las que solo recuerdo la última parte, porque me dan la sensación de que tus delgados brazos están entre mi pecho, ese en el cual entras casi entera. 

La verdad es que extrañarte se ha vuelto muy sencillo. Cuando cierro los ojos, automáticamente, como un hechizo, mi almohada se convierte en ese cabello color azabache, ese color que ningún catálogo posee, ese que se te da tan bien junto a tus ojos molestos, manchados y dominantes.

Escucha una canción que te guste, una que no hayas escuchado; una que cuando reproduzcas en tu iPod, te recuerde enseñar los dientes y mover tus piernas, así como te vale el mundo, te muevas y bailes en esta misma burbuja que yo bailo cuando te pienso.

Dime que todo ha cambiado y que tienes miedo, que eres solo una mujer con miedo. Que como yo, te causa incertidumbre pensar qué puede pasar después; yo te creeré, será nuestro secreto, te lo prometo con el dedo meñique y si quieres algo de saliva.

Ya te dije ayer que yo no soy el que te recomendó aquella canción que te enamora, no sé, yo pienso que fue un amor pasado y lo estás confundiendo conmigo. Igual está linda la letra, no es mi estilo, pero sé que te gusta y bueno, si te hace sonreír creo que es lo que más importa. Allí tienes tu dispositivo para escuchar y transportar recuerdos de una manera más sencilla.

Aunque siempre me estés recordando que  me preocupo demasiado y que debería ser un poco más relajado, muchas veces es difícil. Es como las canciones, todos tenemos repertorios a nuestro gusto, con esas melodías suaves de viejos episodios y aquellas un poco más innovadoras, como esas que me recuerdan cuando jocosamente te ríes de mis problemas  y me dices que me tranquilice.

Yo sé que tienes tus momentos, que a veces provoca mandarte a comprar estampitas de dulce y pegártelas por toda la cara de lo agria que estás. Está bien yo tampoco soy ningún mil amores, hay veces que seguro te dan ganas de ahorcarme y colgarme el teléfono a los tres minutos que me llamas; lo que no cambia es que cuando me hablas, de alguna manera haces que todos esos problemas se me olviden y me muera de risa con tus tonterías. 

Luego de unas cuantas experiencias, me he dado cuenta que las canciones me ayudan a llevar cargas muy pesadas, que me hacen identificar muchas etapas de mi vida y luego de eso a recordar que las pude superar, si siguen sonando aún hay trabajo que hacer.

Como una canción apareciste tú, de la nada, como una que nadie me recomendó, como esa que solo escuché por casualidad, así igualito a esa que pasaron en la radio hace poco, que hablaba sobre habernos cruzado por la calle.

Otra vez pasa por lista las razones por las que desees que me detenga, no lo haré. Seré esa pieza que estará sonando en tu cabeza por mucho rato, incluso hasta que te la sepas de memoria; esa canción que se torna tediosa y escandalosa a veces, esa canción que suena en el momento indicado y que te acompaña en los viajes más largos y también a esos que son allí mismito.

Seré la letra ya escrita en el momento que quieras, pero allí estará mi cuaderno y mi lápiz cuando quieras agregar algo. Cuando quieras cantar fuerte, hazlo, que no vas a hacer que mis tímpanos se rompan, allí están para soportar cuando se te salgan los gallos. 

En la segunda mitad del último tercio de este año, aprendí cantando que extrañarte es una disciplina que se me hace muy sencilla, por eso, con esto y si quieres todo el rigor del mundo, te pido que no me pidas que deje de cantarte. 

lunes, 15 de diciembre de 2014

Caminando

Yo siempre le digo a mi papá que todo está bien, que coño, que no se preocupe, ese viejo con todas sus ocupaciones ¿qué voy a hacer yo dándole preocupación innecesaria?. Es difícil a veces ser sincero y decirle que lo extraño, que me hacen falta sus abrazos y sus consejos, pero es lo que escogí; sé que él está feliz de que esté junto a mi entorno apalabrado y demente.

Ahí estabas tú, dejándome hambriento luego de un beso, un beso que parecía que hubiese estado presente las siguientes 17 horas, un beso común en un momento extraño. 

Diferentes premisas pueden surgir a tu mente cuando rodeas el fuego; dejándote llevar por un matiz rojo, amarillo y naranja tu cabeza se queda quieta, tu imaginación quizás danza un poco y se deja llevar por el calor de esa libertad llena de utopías, tus ojos se olvidan de que  pueden arder cuando les pega el aire y se sientan a mirar un solo punto fijamente. En esos veinticinco minutos y pico logré sentirme libre, estando sentado, mirando al manteco volverse ceniza entre las llamas. 

Sube y llega a la cima, dicen todos, pero ¿realmente es la cima donde queremos estar? yo no sé quién se antojó de quitarle el crédito al camino, ajá sí, yo sé que está lleno de baches, imprevistos, que algunos incluso se han quedado en él estancados y hasta han muerto, pero me pongo a pensar y llegar a la cima suena bastante conformista, es como que llegué y ya, se acabó todo, pero bueno cada quién con sus ideales y objetivos.

Camino y me siento libre, camino y sé que quiero llegar, a dónde no sé, prefiero resguardarme y no decir un lugar, por si a las moscas no llego, no sentir que no lo pude lograr; además creo que es irrelevante, aquí hablo nuevamente del camino, al fin y al cabo es en él que aprendemos a sobrevivir.

Cuando más cansado estaba, para distraer mi mente un poco y causarle disonancia, me puse a pensar en ti. Me imaginé que a lo mejor también estabas cansada de tanto subir y bajar; yo siempre te dije que esperaras a que el agua se pusiera más tibia para meter los pies, pero como no escuchaste, metiste los pies y te los quemaste, ahora sé el porqué de tus quejidos cuando caminas por el mosaico de tu mamá. 

Mi hermanita me dice siempre que le llama la atención que en los viajes, el regreso siempre es más corto, yo tratando de sonar lógico y de alguna forma que ella pudiese comprender, le dije que el camino no es mas corto, si no que papá viene más rápido en el carro porque quiere llegar a casa pronto a descansar. He aquí que cuando no sabemos a qué nos enfrentamos siempre se nos hace más complicado lograr algo, se llega al tepuy más rápido por la trocha, pero el camino de la selva es más interesante.

Caminando voy y caminando vengo, mi mente camina y tu mente camina cuando estamos juntos, aunque tus palabras sean claras, tus ojos y tu sonrisa son transparentes; camina y ve al sendero de tu preferencia; ve corriendo a la cima, pero no te quedes allí, devuélvete; acuérdate que hay muchas trillas para llegar a la cascada, incluso esas que no conoces.

Ahí estabas tú, caminando por mi vida, sin zapatos y sin apuros, sin saber a dónde ir, me diste un beso cuando te fuiste pero no dejé de caminar, llegué a la cima y me regresé para devolverte el favor, y aunque el trayecto haya sido fuerte, vale la pena recorrerlo noventa veces, solo por volver a tenerte en frente y poderte acariciar. 

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Repite anda repite

Mira, en serio que no importa si me dices mil veces que no quieres montarte en la balsa, yo sé que la última vez que lo hiciste, te resbalaste y de vaina te ahogaste en el río. Pero Laura, por favor, eso fue hace ya seis meses ¿No crees que ya pasó un tiempo desde ese accidente?.

 De verdad que comprendo tu miedo, pero hasta cuándo te voy a decir que ahora es más segura...¿O es que simplemente te regresó la maña de que no te gusta bañarte en río? Bien bonitas las excusas que me estás diciendo, a parte, eso fue culpa del hermano tuyo que iba a agarrarte según él y lo que hizo fue reírse cuando te pisaste la trenza.

Acuérdate cuando éramos chamitos, que íbamos a jugar y caían esos diluvios en el porche de la casa, con ese cielo estrellado y el celaje del sonido de los grillos cuando se iban a dormir ¿recuerdas?...cuando no nos importaba nada; yo no sé porqué ahora cogiste ese tema de que no te gusta la lluvia ni montarte en la balsa. 

Estoy cansado de decirte que no me importa si antes te pasó algo allá afuera... Tengo claro que las cosas van cambiando y aunque uno el ser humano pase por experiencias no tan agradables, hay que seguir dándole paleta a las claras; acuérdate que todos tenemos problemas y miedos, pero si no nos arriesgamos mujer ¿nos llevaremos esos miedos para arriba y para abajo?...¿siendo tu tan berraca? no no, no te lo permito vale. 

Repite anda repite que no quieres escucharme, y repite todas las razones por las que de verdad no quieres hacerlo, yo las respeto mi amor, tienes razón al fin y al cabo; pero cuando te canses de eso y te provoque azul clarito, allá afuera voy a estar con la que te conté esperándote... Está bien, está bien, le haré otros retoques para que en serio no te vaya a pasar nada y te sientas segura.

¡Aja viste! te pegaron los recuerdos, te hablé de revivir esos momentos y me levantaste los hombros y reíste como sabes que me encanta, siempre te digo que te ves hermosa cuando haces eso. Yo sé que en este viajecito que te propongo, vas a revivir sonrisas y hasta construir unas nuevas; claro, sé que te da miedo volver a salir de viaje en la balsa, pero prometo esta vez enfrentar el miedo contigo, y no ser parte de él, y si te caes pues me lanzo al río contigo. Los dos, si estamos juntos, podremos hacer que superes esos temores, con tal, siempre hemos sido buen equipo. 

No te preocupes si de pronto nos quedamos varados a mitad de la ruta; si mal no recuerdo, tú siempre eres la mejor en localizar el oeste. Así que descuida, todo está cubierto, incluso hasta cuando el sol se apague y comience el invierno a pasearse por estos senderos, estaré yo para espantar tus tristezas y hacerte sonreír... Así que anda repite, repite tu sonrisa y repite que te mueres por ir de viaje conmigo esta vez y no dejarme solo el camino que tanto te gusta. 

martes, 2 de diciembre de 2014

¿O me lo vas a negar?

Sientes ese pinchazo en el cráneo, esa sensación de locura, esa humedad en la sequía más tardía, eso que ya sabes qué es; las maripositas en la digestión, la vaina... Yo sé que por mas que tu cara se compare a las dos piedras que están al frente de tu casa, sientes también esas cosquillas.

Se cliché y di que es que la chama "está como pa' ti", para sonar hombrecito en tu pandilla de machotes... cuando la verdad es llegas a tu casa y te pones a conversar con tu amigo el espejo porque no sabes que decir en el momento que ella se acerca a hablar.

Entonces ¿Me vas a negar que sientes que navegan par de peñeros en tus entrañas cuando estoy a unos metros de ti? que se te humedecen los ojos y luego se te secan cuando con pena me doy cuenta que me miras y dejas de hacerlo... Yo se que te la pasas imaginándome a tu lado, no seas mentirosa al decir que no, porque el carmín purpúreo te envidia cuando te digo que me gusta el lunar que tienes cerca de la boca.

Vuélvete loco y sublima tu interior con un cascarón de fieltro, por mí inténtalo, de verdad que no me importa; al final yo se que tu pecho está lleno de aire, tu columna bastante erguida y eso, pero ¿y tus piernas?...¡tus piernas están temblando picarón!

Me contaron que te enamoraste de mi, pero tranquila no te apenes, ya lo veía venir. Nunca he sido bueno en eso de los idiomas, pero tus ojos siempre fueron sencillos de entender. Si quieres saber que pienso solo acude a la lectura, después de unas cuantas palabras te darás cuenta que ellas mismas no hacen falta. 

Que me rechace las veces que quiera, eso si, no le permitiré que no me de una lección o que se vaya, porque después de tantas penurias, qué tiene de malo seguir insistiendo. Es sencillo, como armar un rompecabezas de niños; si su presencia sigue allí, yo sigo gagueando, estando tan seguro como el paracaídas de reserva y  elevando mis deseos en su caminar lento y disparejo.

Bésame si quieres, así cumples eso que te distrae y te la pasas pensando, aparte yo experimento cómo son tus labios, si son un poco más carnosos de lo que se ven, ya que siempre los estás escondiendo por los nervios, esos nervios que por cierto nunca ocultas; no sé, lo más probable es que me guste ese beso, no es personal, pero siempre quise ver tu boca de cerquita.

Si le robo un beso yo sé que, al menos, la parte inferior derecha de mi cara tornará de otro color, sin embargo, no hay cosa que me gustara más que rozarle esos labios que me inspiraban en tantas noches solitarias. 

Al final solo estuviste haciéndote la dura, espiándome cuando te veía, no creas que no me di cuenta... Yo sé que te encanta como te miro, te deseo y desnudo en frente de todos...¿O me lo o vas a negar?