miércoles, 26 de noviembre de 2014

Besando...

Estaba yo en mi obstinamiento protocolar diario de regresar a casa, ya predispuesto como de costumbre. Me siento en la parada del bus; me mojo el culo con el banco, entre la brisa y el calor, entre la -lloviznaita- y la humedad, entre el hostigamiento propio y el hambre, tú sabes, emocionadísimo de llegar a casa y ponerme a leer sobre el período de la emancipación, la Cosiata y todas esas cosas interesantes, en sí, en un día de esos con mucho matiz.

No llega el bus y yo ya queriendo llamar a -Toxilab- (menciónese a El griego y él les explica) en términos que se puedan entender, quise decir que ya estaba bordeando la desesperación. Llega una pana y me dice: "cónchale no te vi, ando miope" me preguntó para dónde iba, le respondí y  me dijo que mi destino estaba fuera de su alcance y que pensándolo bien eso no importaba, que ella me llevaba.

Conoces a una chica y de pronto sientes que no la soportas, que como no tienes más remedio te tienes que montar en su carro, para proceder a aplicar las leyes de la hipocresía, la sobre-actuación y el interés ¿les ha pasado? ¡qué desagradable!... Menos mal no fue así. 

A veces pasa que creas una conexión con alguien que a penas conoces, que sientes cierta confianza, quizás una confianza jocosa, o de esas que se usan para romper el hielo, es complejo hablar de eso. A veces son las constelaciones que se movilizan, los minutos se llaman por teléfono para ponerse de acuerdo, o simplemente pasa y ya, por mencionar solo una forma más sencilla de explicar. 

Las risas entre dientes protagonizan la conversa, un semáforo en rojo, una indecisión quizá, una mala metida de embrague y a lo mejor una lluviesita de sarcasmo salpicando nuestras palabras; llegamos a donde yo me dirigía y la misma indecisión hizo que mis brazos no se pusieran de acuerdo con mi cabeza y le dije "gracias" mientras le daba un beso en la mejilla, antes de abrazarla, e incluso antes de que se estacionara... Ella como que.... ajaaaa....que incómodo.... y ahí es cuando me ven echándole tirro a las acciones con palabras.

Llegué a mi casa, me comí un pedazo de Pizza añejado que estaba en el horno, solo para decirle al estómago que por aquí le mandó saludos un primo; revisé el correo, como no tenía nada importante que hacer, me acosté un rato para luego empezar a estudiar el Discurso de Angostura, super interesante por cierto (todo por estar en congraciamiento con Janet). Total que se encontraba mi sueño debatiendo con Bolivar sobre si el poder Ejecutivo debía tomar más ímpetu sobre la población y justo cuando estaba a punto de responderle a Simóncito....recibo una llamada, contesto con mi voz arropada, y -fuas- se fueron 33 minutos hablando con una nueva admiradora de mis pequeños relatos. 

Fue gracioso cuando platicando de todo lo que había pasado temprano, con lo del beso rarito y eso, le comenté que era una buena idea para un escrito y entre risas me dijo que le parecía bien, y con esto le muestro mi dedicatoria.

Cuando besas despliegas cariño, saliva y timidez... La timidez queda pero el beso se va, el momento se fotografía y se comparte hacia dos direcciones. Un beso es una motivación al logro, una liga de mil palabras difíciles de pronunciar en un microsegundo que perdura, efecto menos conduce a más como dice Ernesto Galindez (saludos a mi profesor de psicología). Es esa esquina donde dos fenómenos se encuentran en El Ecuador y ninguno flaquea; un beso es esa maravilla que existe y que no muere, que se le esconde a lo visible, pero le pone el pecho a lo sensato.  

lunes, 24 de noviembre de 2014

La firma de mi mamá

Entonces golpeé la puerta y me encontré con un par de libros de la vieja, escritos a bolígrafo azul por ella misma, como era su costumbre. Empiezo a ojear y veo la popular torta tres leches; se me dibujó inmediatamente una sonrisa en la cara, pues recuerdo que estando muy pequeño salía de mi cama y le pasaba el dedo a la que estuviese en la nevera, como buen hogar de ama de casa, siempre había torta en la nevera.

Fue interesante abrir la caja de los tesoros y volver a ver la firma de mi mamá, pensar que por más que ella haya sabido escribir esas recetas, si yo las hiciera, nunca me quedarían como a ella... Esa mujer tenía en sus manos el ingrediente más importante.

A veces me pierdo queriendo recordar un poco más de lo que recuerdo, invento incluso, como cuando pensaba que para estar tan pequeño me atemorizaban ciertas cosas y sin ningún tipo de problema tomaba las riendas de todo en mi imaginación... hoy en día me atemorizan muchas, pero  irónicamente no tomo las riendas en donde debería.

¿Y si me cansara de luchar un día? ¿estaría obedeciendo a mi cuerpo o solo me uniría a los cobardes que también se cansaron? Un dilema crudo, bueno no tanto; a veces hay que desobedecer al cuerpo, sobre todo convencer a la mente de que no sea igualada y tome decisiones cuando está borracha y aquí -entre nos-  menos cuando está herida, pero bueno sí, ese sería el caso, hacer cosas que realmente nos hagan sentir en el clímax todo el tiempo.

El ser humano es complejo, cuando no hago lo que me gusta me quejo y cuando hago lo que me gusta, me quejo porque otro lo está haciendo mejor, entonces siempre me estoy quejando y tomando pastillas para el dolor de cabeza, ya que me desvelo pensando en que el otro tiene más tiempo para practicar y por eso lo hace mejor.

Todo va tomando su rumbo y ¡PUM! abro los ojos y sigo viendo la firma de mi mamá, recordando que no importan mucho los dilemas, que va más allá de obedecer a tu cuerpo,  no hay nada más hermoso que ver el amanecer de nuevo sin una ventana, que si él lo hace mejor o no, son tonterías pues la torta tres leches nunca nos va a quedar igual.


jueves, 6 de noviembre de 2014

Venezolaneando después de las cinco

La noche va tocando la puerta, salen en  manada esas patitas hambrientas y de pasos algo agotados; un entorno nublado de monóxido, polvo y un poco de desesperación y prepotencia...¡Pues sí!... Se avecinan las cinco de la tarde.

El estudiante va con el bolso pa' arriba y pa' abajo, arrastrando esos pies, desobedeciendo a la mai, pero es que luego de todo el día metido en ese colegio, qué va a estar queriendo el muchacho estar manteniendo la compostura.  

"Corre corre, agarra ese que viene ahí, que tengo que llegar a la casa..." me dijo Pedrito, el de Manzana 48. Desesperado el pobre Pedro, todo el día dando carajazos en esa obra civil. 

Se avecina una ola de gente, se avecinan los buses llenos, se avecinan los seres desesperados de querer llegar a su casa, se avecina al vigilante que le da un besito a su doña y se va a cubrir el turno de la noche... para unos cuantos se le avecina la hora tranquila, y para otros solo un pequeño fragmento de hora caótica. 

"Y es que llego tan cansado María ¡¿Cómo me mas a mandar a comprar pan ahorita?!... " Dijo el gerente de la frutería... "No me vengas con cuentos chinos que ya tengo suficiente con el cliente de la firma..." Escuché decir a la vecina la semana pasada... Expresiones como esa  y otras que nos arropan el día a día... "No sabes cuánto extrañé tu pabellón hoy que tuve que comer en la Universidad, mi vieja..."dijo Rosendo cuando llegó a la casa.

Me pongo a pensar y digo: "Coño, a veces me quejo de que el bus vaya lleno cuando voy a ir a la casa después de las cinco, me molesto si alguien choca conmigo al correr a agarrar el primer -vacío- que venga, sin pensar que a lo mejor ese señor sudado, o esa señora con la pintura de labios ya a punto de desaparecer, están muchísimo más desesperados que yo de llegar a casa..." 

Ser Venezolano últimamente se ha vuelto un reto, un desafío de varias estaciones en el cual la crisis de transporte se ha vuelto una de ellas, sin embargo, nos encontramos con el factor diferencia; podemos llegar y dar las buenas noches a esos compañeros que van con nosotros encaramados en el mínimo espacio vacío, desearle que pueda culminar una jornada fructífera a ese señor que nos atiende en la bomba de gasolina... O simplemente desplegar una sonrisa cuando alguien nos mira feo.

Empieza el día con cualquier pie, mientras éste pueda mantenerse firme todo el día; mentaliza,  digiere y respira tu día; disfruta hasta el más mínimo error tuyo y de los demás, a veces esos errores nos llevan a consumir excelentes ratos y conocer buenas personas. 


Un rato desagradable es un elemento común en nuestro día a día, podemos cambiarlo y romper el esquema, puedo ser un factor diferencia Venezolaneando a las cinco, seis, siete y a toda hora, porque ser un buen ciudadano es un término universal, desempolvemos esa sonrisa que tenemos guardada y digan a Pedrito que si va a correr detrás del bus, que lo haga cagado de la risa.