Estaba yo en mi obstinamiento protocolar diario de regresar a casa, ya predispuesto como de costumbre. Me siento en la parada del bus; me mojo el culo con el banco, entre la brisa y el calor, entre la -lloviznaita- y la humedad, entre el hostigamiento propio y el hambre, tú sabes, emocionadísimo de llegar a casa y ponerme a leer sobre el período de la emancipación, la Cosiata y todas esas cosas interesantes, en sí, en un día de esos con mucho matiz.
No llega el bus y yo ya queriendo llamar a -Toxilab- (menciónese a El griego y él les explica) en términos que se puedan entender, quise decir que ya estaba bordeando la desesperación. Llega una pana y me dice: "cónchale no te vi, ando miope" me preguntó para dónde iba, le respondí y me dijo que mi destino estaba fuera de su alcance y que pensándolo bien eso no importaba, que ella me llevaba.
Conoces a una chica y de pronto sientes que no la soportas, que como no tienes más remedio te tienes que montar en su carro, para proceder a aplicar las leyes de la hipocresía, la sobre-actuación y el interés ¿les ha pasado? ¡qué desagradable!... Menos mal no fue así.
A veces pasa que creas una conexión con alguien que a penas conoces, que sientes cierta confianza, quizás una confianza jocosa, o de esas que se usan para romper el hielo, es complejo hablar de eso. A veces son las constelaciones que se movilizan, los minutos se llaman por teléfono para ponerse de acuerdo, o simplemente pasa y ya, por mencionar solo una forma más sencilla de explicar.
Las risas entre dientes protagonizan la conversa, un semáforo en rojo, una indecisión quizá, una mala metida de embrague y a lo mejor una lluviesita de sarcasmo salpicando nuestras palabras; llegamos a donde yo me dirigía y la misma indecisión hizo que mis brazos no se pusieran de acuerdo con mi cabeza y le dije "gracias" mientras le daba un beso en la mejilla, antes de abrazarla, e incluso antes de que se estacionara... Ella como que.... ajaaaa....que incómodo.... y ahí es cuando me ven echándole tirro a las acciones con palabras.
Llegué a mi casa, me comí un pedazo de Pizza añejado que estaba en el horno, solo para decirle al estómago que por aquí le mandó saludos un primo; revisé el correo, como no tenía nada importante que hacer, me acosté un rato para luego empezar a estudiar el Discurso de Angostura, super interesante por cierto (todo por estar en congraciamiento con Janet). Total que se encontraba mi sueño debatiendo con Bolivar sobre si el poder Ejecutivo debía tomar más ímpetu sobre la población y justo cuando estaba a punto de responderle a Simóncito....recibo una llamada, contesto con mi voz arropada, y -fuas- se fueron 33 minutos hablando con una nueva admiradora de mis pequeños relatos.
Fue gracioso cuando platicando de todo lo que había pasado temprano, con lo del beso rarito y eso, le comenté que era una buena idea para un escrito y entre risas me dijo que le parecía bien, y con esto le muestro mi dedicatoria.